La motivación en los niños

Muchos padres se preguntan qué hacer para que sus hijos estén motivados. Supongo que una pregunta más precisa sería: ¿cómo lograr que tengan la motivación para hacer lo que hace falta? Por ejemplo, estudiar, hacer los deberes – tanto de la escuela como de casa – y muchas otras cosas básicas, como recoger lo que ensucian o simplemente lavarse los dientes.

Empezaría reflexionando sobre cuándo estoy yo misma motivada para hacer las distintas cosas necesarias. Lo primero que me viene a la mente es: cuando algo me divierte. Eso está muy bien, claro, pero si sigo pensando en mi vida, me doy cuenta de que hay muchísimas cosas que no siempre me divierten, pero sin las cuales no puedo pasar. Seguro que todos conocemos estas situaciones. Todos tenemos que ir a trabajar (o ganar dinero de alguna forma), y entre estas tareas también está cocinar, ir a la compra, fregar los platos, limpiar, lavar la ropa, trabajar en el jardín, etc.

Al seguir reflexionando, veo que, como ya soy adulta, tengo claro que nadie más lo hará por mí, así que voy y hago lo que hace falta. Sin embargo, la situación con nuestros pequeños suele ser distinta. Veo el problema en que, cuando ellos no hacen lo necesario, muy a menudo lo terminamos haciendo nosotros, los padres. Y es muy probable que no les pase nada grave por ello, aparte de que les gritemos un rato, dejemos de hablarles un momento o simplemente estemos refunfuñando.

No obstante, con eso no solemos conseguir much y no logramos los resultados que desearíamos. Y es que nuestros hijos, por lo general, son muy listos y pronto descubren que basta con aguantar un poco, dejarnos gritar, refunfuñar o callar, porque al rato nos agotamos y todo vuelve a estar bien… y así una y otra vez… solo que nuestra frustración crece poco a poco.

A medida que avanzo en mis pensamientos y analizo qué es lo que realmente me ha funcionado con mis hijos, llego a la conclusión de que fue en los momentos en que creé las condiciones para que ellos simplemente necesitaran hacer estas cosas para las que no están motivados automáticamente. En el sentido de que las consecuencias que tendrían que afrontar es caso no hacerlo, les resultaban aún más pesadas que hacer lo que les correspondía.

¿Y cómo lograrlo? Eso lo tiene que encontrar cada padre por sí mismo, porque cada padre y cada niño son diferentes, cada familia funciona distinto y cada persona le finciona algo diferente.

Así que les deseo que tengan éxito encontrando su propio camino, y la próxima vez podemos volver a mirar algún otro tema interesante sobre la crianza de los hijos :-).